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sábado, 10 de septiembre de 2016

On 16:36 by FE GO RE in ,
Ayer día 09 de Septiembre de 2016 a las 21:30 horas fue el Pregón, inicio de las Fiestas a cargo de Don Primitivo Jerónimo Pérez, Consejero de Cultura y Patrimonio del Excmo. Cabildo Insular de La Palma. Adjuntamos dicho Pregón.

Por invitación del Sr. Alcalde recibí el encargo de anunciar que en estos días Tazacorte celebrará las fiestas en honor a San Miguel, el santo patrono de este municipio y de toda la Isla, el arcángel que  el credo católico considera como patrono y protector de la Iglesia Universal. 

En estos festejos de septiembre abundan los actos que se ofrecen a paisanos y foráneos  y que  exaltan las virtudes de un pueblo laborioso, orgulloso de su  identidad y de su desarrollo  como entidad histórica.

Desde este momento en que se pregonan y hasta su terminación, es deseo de la Comisión de Fiestas convertir a Tazacorte en centro insular de múltiples y variadas actividades deportivas, lúdicas o culturales.

Tazacorte, en palabras del prestigioso investigador Talio Noda es una de las tres poblaciones más musicales de Canarias desde 1878, año en que ya tenía una banda de Música de más de 70 miembros.  En estas fiestas de 2016 los espectáculos y las artes musicales impregnan las noches del septiembre de San Miguel con actuaciones de los grupos de música folklórica y popular como la agrupación Benahoare, Renacer, Aduares y Hesperia folk,  el festival de pianistas y jóvenes profesionales y el Concierto Tributo a Fredy Mércury.

Tazacorte, tierra de pintores que reconoce la figura  de  Cándido Camacho como el  exponentes más destacado de la llamada generación de los setenta en las artes plásticas canarias  ya cuenta, sorprendentemente,  con tres galerías de arte privadas y dos salas de exposiciones de titularidad pública que, junto a la Hacienda de Abajo, primer hotel emblemático de las Islas Canarias que aglutina en sus dependencias una enorme variedad de esculturas, pinturas y enseres de alto valor histórico y patrimonial,  ya catapultan a este pueblo en las redes de consumo cultural como uno de los primeros destinos del turismo especializado que visita estas Islas. La exposición “Pinceladas” de la Casa de La Cultura, las artes escénicas, la artesanía local y  el cine al aire libre completan la agenda cultural en estas fiestas que conmemoran al Santo Patrono Miguel.

La Palma, la Isla entera, creo que tiene el deber de agradecer a este pueblo que cada mes de septiembre, desde hace siglos, mantenga incólume las singulares tradiciones de la Fiesta del Patrono de la Isla. Bagañetes,  palmeros y visitantes debemos apreciar con nuestra presencia los genuinos  y tradicionales  actos del Baile de Parejas,  la Diana de Gigantes y Cabezudos,  el Desfile de las carrozas mejor engalanadas de la Isla, la ofrenda del Cabildo en la Misa del 29 de septiembre y el portentoso desfile de Los Caballos Fufos, corceles de colores al  paso del pasodoble  “Vuela, Vuela,  Palomita” que desde 1945 ambienta las calles de Tazacorte al son de este popular tema musical creado por el prolífico Lorenzo Barcelata para la película mejicana  “Ora Ponciano” de 1937.

Es deseo de todos, empero, que en estos días festivos, más que nunca, se sientan ustedes más próximos y solidarios con los propios habitantes de Tazacorte que por alguna razón no pueden disfrutar suficientemente de estas fiestas patronales y con aquellos que regresan estos días procedentes de lugares diversos para participar en los festejos y reencontrarse con sus amigos y familiares. Actitud generosa, participativa y cooperadora para que se sumen energías en unos días entrañables.


Sr. Alcalde, Sra. Concejal de Cultura, Corporación Municipal, autoridades, Señoras y Señores:
Quiero, aunque suene a tópico, agradecerle Sr. Alcalde, el  honor que supone para mí compartir con ustedes un momento tan señalado: el de pregonar la Fiesta de  San Miguel.
Es el momento en el que el calendario se detiene en esta localidad. San Miguel concentra ilusiones, alegría colectiva e identidad. Cualquier persona que llegue a Tazacorte sin conocerlo  y recorra con la mirada este pueblo, desde el Roque Becerro  a Juan Graje, con las Playas de la Bombilla, Los Guirres, Nueva o El Puerto, con los terrenos de cultivos cubiertos por el manto verde de las cepas de los plátanos,   las angostas calles de El Trigo y  Pescadores, las diminutas plazas de El Ranchito o Los Pajeros y las opulentas mansiones históricas de El Charco… sabe que éste es un pueblo de contrastes que ha forjado su presente con enormes esfuerzos de superación.

Estos esfuerzos han hecho de Tazacorte un pueblo de vanguardia. Las mejores tierras de cultivo de la Isla, la benignidad de su clima y las cualidades humanas de sus pobladores  ocasionan la  presencia de foráneos aquí desde el mismo 1493. Los hacendados  que necesitaban mano de obra asalariada para las fincas hicieron de este pueblo el más próspero de la Isla.  La familia Monteverde, por ejemplo,  de origen flamenco, que podía haber elegido cualquier lugar para fijar su residencia, se estableció en El Charco desde el año 1513, con sus ingenios de azúcar.

 Pero para quien  tenga referencias de este pueblo desde hace más de un siglo, el crecimiento poblacional y la riqueza de este lugar sabe que se deriva de la siembra de las primeras plantaciones de plátanos y tomates en la década de 1890 fundamentalmente por empresas también foráneas que comprobaron las ventajas del lugar. Compañías inglesas como Blandy, Elder and Depster y Fyffes embarcaban sus frutos por El Puerto de Tazacorte que fue declarado de interés general por el Gobierno en 1896 y  que llegó a ser el cuarto en importancia de Canarias por la actividad que generaba la exportación de tomates, plátanos, cochinilla, tabaco y caña de azúcar.

Se había convertido Tazacorte desde sus inicios en un lugar vigoroso, atractivo para quienes se acercaran a comprobar las peculiaridades de un pueblo en progreso. El encanto para las personas que eran destinadas a trabajar a Tazacorte era casi inmediato al comprobar que éste ha sido y es un pueblo de prestigio, solvente y con ilusiones colectivas.

  En  1894 el profesor Pedro de Las Casas publica en Santa Cruz de La Palma el libro ´”Geografía Universal y Particular de la Isla de La Palma” en la que además de mencionar que Tazacorte es el puerto por el que El Paso y Los Llanos efectúan sus transacciones comerciales, decía que era el “pago más  más rico y más poblado del término municipal de Los Llanos, con mil novecientos setenta y seis habitantes,  compuesto de gran número de casas de uno y dos pisos”

Otro  maestro y prestigioso  investigador,  Luis Diego Cuscoy, natural de Gerona, que prologa el libro “Crónicas de mi Pueblo” de 1978, hace la descripción, con actitud lírica, más esbelta que se haya hecho, a mi juicio, sobre este pueblo. Dice que “quienes conocen  Tazacorte  deben conservar de aquel vegetal esplendor,  un recuerdo que, por vía imaginativa, les lleve a paisajes de trópico manso y mollar;  de aquella orilla, un hálito marinero que va de la ventura de dimensiones atlánticas al sosegado quehacer del pescador de bajura; de aquellas fincas, la imagen de plantaciones que estallan, exuberantes y avasalladoras, en latitudes calientes y lejanas; del caserío, el trasunto de una voluntad impetuosa y alegre que busca conjugar lo urbano con lo vegetal, con la claridad derramada, con el aire oloroso a mar y tierra, a fruta y a alga ; de sus gentes, una vitalidad jubilosa  que concuerda con la tierra fértil, con los colores estimulantes, con el mar, con el aire a un tiempo sosegador y animador, con la luz que cincela relieves, barrancos, orillas y caserío de insólito colorido.

Precisamente, el periodista, escritor, luchador por las libertades y cronista oficial de esta población, Felipe Lorenzo, que escribió estas crónicas,  afirmaba que amaba a Tazacorte por  “los ancianos que se tragan las horas para burlar el tiempo; por los niños desarrapados que en La Esquina juegan; por el canto del gallo que retumba cuando abre el día; por la tertulia diaria en la zapatería;  por las noticias que aumenta o inventa el peluquero; por la emoción que provoca la carta que llega;  por la solemnidad que revisten los entierros;  por los domingos de ropa limpia;  por los conciertos de la banda de música;  por las campesinas que cantan al unísono;  por sus hombres humildes, inflexibles, dóciles, rebeldes...

Esta descripción de Felipe Lorenzo, permítanme decirlo, lejos de parecer un reflejo de una sociedad en precario estado de desarrollo, para quienes no vivían en Tazacorte eran síntomas justamente de todo lo contrario. Las gentes de las poblaciones de agricultura de secano de los alrededores traían, durante gran parte del S.XX,  sus producciones al único lugar de venta posible, a un pueblo de cuatro mil habitantes con luz eléctrica desde el año 1922, mientras que a los pueblos situados más allá de El Time o a caseríos cercanos como en el que yo nací,  llegó la corriente eléctrica unos cincuenta años más tarde. Los campesinos de estos lugares,  después de bajar con las cestas, odres o angarillas  las vueltas de Amagar o la Cuesta Zapata con los frutos del monte, almendras, higos,  uvas,  queso, vino,  vinagre o lana  debían pagar en el fielato de Miguel Bartolo situado en La Avenida, una especie de impuesto antes de  proceder a la venta que se realizaba en las tiendas y en las calles del pueblo. Con el escaso  dinero ganado se compraban enseres o víveres indispensables y se intentaba ahorrar para las emergencias médicas.

Tazacorte adelantaba en progreso económico a casi todas las poblaciones del Valle y de la Isla, como decían los cronistas viajeros. Había aquí tiendas de ropa estables como la de  Juan Pino en La Esquina, la de Ángel Castro en La Plaza, la de Tomás y Moisés Koury o Pancho “El Grillo”  en la Calle de la Iglesia,  o en la de Don Leal y Doña Lola en la Acera Ancha. Se confeccionaba ropa a medida en los salones de costura o en  las sastrerías de Pepe Chaveo,  Haroldo y Gregorio. Había talleres de latonería como los de Julio El Herrero en El Trigo o Gilberto, en Los Pajeros. Hubo cuatro  molinas de gofio que trabajaban con energía eléctrica: en El Morro, la de Enrique y la de Servando el de Las Manchas; en San Borondón, la de Rodrigo  y  en Los Pajeros, la de  Julián. Y otras dos en El Charco,  movidas  con energía hidráulica, la de Pepe Molina y Antonio Burraday …

El trasiego de pequeños comerciantes era incesante en el Tazacorte del Siglo XX que “mercadeaban”  en decenas de  tiendas de ultramarinos y en las mismas viviendas de manera ambulante. Hubo cinco panaderías,   como la del “Carrizo” en Los Pajeros o la de Domingo Pérez Jiménez en El Trigo. Los niños disfrutaban con los polos de Policarpo “Capito” fabricados en El Charco.

La actividad económica, además de la propia agricultura en manos de terratenientes foráneos que ocupaba a mucha mano de obra en “las bases”,  se generaba en los almacenes de empaquetados, con centenares de obreros que envolvían las piñas en pinillo y papel y las colocaban en los guacales de exportación.  En el recuerdo está el bullicioso trajín de los almacenes de Antonio Acosta, Los Carrillos, Antonita, Betancores, Bañú, Pedro Gómez, Rodrigo, Berto Carnero o Los Cejas que en algún momento compartían época con los trapiches de azúcar de El Charco y El Puerto que elaboraban la mejor miel de caña de esta tierra.

Por herencia de mi abuela, cuya familia procedía de Tazacorte, teníamos en mi casa una pequeña finca de  plátanos en un lugar,  o “suerte”,  que le decíamos La Banana, en la bajada de la Cruz de San Isidro que estaba llena de pequeños minifundios que sus propietarios atendían con esmero. Yo venía con verdadero gozo a nuestra “finquita” para disfrutar sobre todo de lo que me parecía que era la abundancia de agua. Su sonido por las atarjeas, la entrada en las calles separadas por bordos… era un espectáculo emocionante para alguien que venía de un lugar, en este caso Las Manchas,  en el que el agua se racionaba a razón de cinco litros por familia al día en las colas de  los chorros públicos. Para mí, Tazacorte era el pueblo de la abundancia y la riqueza. Los propietarios que bajaban caminando para atender su celemín o su cuartilla de veinte cepas de plátanos se reunían cuando era la dula, el riego por la sieque,  alrededor del repartidor  que controlaba con reloj de bolsillo los tiempos. Al terminar y pasar por delante del Bar de Manolo de San Borondón, veía a los trabajadores de las bases disfrutar en los atardeceres del genuino licor de café charlando sobre los triunfos del Victoria o de  lo bien que lo hicieron los retintos y melados  en las riñas  contra la Gallera de Los Llanos.

Entiendan ustedes que cuando en 1993 me destinaron como funcionario de carrera al Colegio Juan XXIII, centro que tuve el privilegio de dirigir,  sintiera,  permítanme la licencia, estar en un destino cómodo y conocido, en un reencuentro emotivo con mi pequeña historia personal.

Tazacorte fue en sus inicios el referente  económico que generaba los empleos  más diversos y sorprendentes. El propio Miguel Medina Quesada, primer alcalde de Tazacorte cita curiosos oficios que se prodigaban por este pueblo. Escribía que en esos años había en el recién creado municipio algunas profesiones curiosas: un droguero,  un expendedor de efectos timbrados,  un alcalde de mar, varias profesoras en partos y veinte  fisgones (que nunca no he podido averiguar qué actividad era esa), peleteros, sombrereros, barberos, comisionistas, consignatarios, corresponsales de bancos, importadores de ingredientes…  Enumera  cafetines  como  “La Cueva” o  “El Manicomio, dos fondas y casas exportadoras de plátanos, tomates, cochinilla y almendras.

El atractivo que siempre ha ejercido este pueblo para quien lo visite y compruebe sus virtudes humanas y su espléndido y rico suelo ha sido determinante. Los propios precursores de la segregación de Los Llanos en 1.925 fueron el bagañete Antonio González Acosta junto al primer párroco, el padre Agustín Fernández de la Guerra y el citado maestro Miguel Medina Quesada, que vino destinado sólo cuatro años antes de la segregación y que fue primer alcalde con un lema personal de gestión: “Tazacorte, puerto y escuelas.

La fundación de la Academia  en 1.953  fue un revulsivo social de vital importancia para la enseñanza de este pueblo. Junto al profesor bagañete D. Antonio Acosta Hernández participaron en su fundación el cura de entonces, natural de Las Breñas, D. Evelio Concepción y el gallego D. Justo Caridad y  participaron como docentes profesores como D. Vicente Méndez,  procedente de Mazo, que luego dirigió el Colegio Juan XXIII desde 1965 o   D. Diego González, de La Península, padre del investigador  Salvador González Vázquez

El encanto de este lugar  “cautivó”  también de manera definitiva a un personaje entrañable  nacido en 1.925 en Las Palmas de Gran Canaria: Cronista Oficial de Tazacorte,  el polifacético Luis Sánchez Brito fue una de las destacadas figuras del mundo de la literatura y las artes plásticas en La Palma.  Fue maestro nacional, licenciado en derecho, secretario de varios Ayuntamientos y del Cabildo de Fuerteventura. Yo tuve la enorme fortuna de compartir numerosas tertulias sobre sus caricaturas, sobre el arte de la papiroflexia que impregnaba sus obras líricas y narrativas, sobre sus escritos satíricos y de la felicidad que le brindaba Tazacorte. Le gustaba recitar los  propios relatos líricos  de sus libros: “Cuentos de Papirolas”,  “Cuentos de Galandar”, “Cuentos de Tazacorte y San Borondón” y “La Pérgola y El Caballo Fufo”, que siguen siendo  libros indispensable para entender la forma de vivir y manifestarse de la Villa y Puerto de Tazacorte.

 Sr. Alcalde.  Hoy día 9 de septiembre de 2016 en el que pregonamos estas Fiestas de Sn Miguel, debemos celebrar un acontecimiento que perdura en el recuerdo colectivo de este pueblo de manera ininterrumpida. Hace hoy  justamente 90 años, en la tarde del 9 de septiembre de 1926, se reunió   el pleno del Ayuntamiento,  presidido por el Alcalde Accidental, Pedro Gómez Acosta. Con el apoyo de 67 firmas de ciudadanos de Tazacorte, acuerdan nombrar a D. Manuel Morales Pérez como Médico titular de este municipio creado un año antes. Su presencia de más de 60 años en Tazacorte es  un caso único de simbiosis entre un pueblo y un ser humano, generoso, inteligente y responsable.

Había nacido en Mazo, de familia humilde, pudo formarse como médico en Madrid y tuvo cómo único destino  Tazacorte. Fue tanta la atracción de este pueblo que,  cuando estaba cierto tiempo fuera de su consulta de la Acera Ancha, decía que le daban ganas de encerrarse en Tazacorte. “Los rosales  -decía-  me son allí una necesidad para alimentar mi sentir en algo de delicadeza”. Aquí ejerció una intensa dedicación a la atención médica, no sólo de los pacientes del municipio de destino sino también de todos aquellos que, de múltiples lugares, acudieron a él atraídos por la creciente buena reputación profesional que se iba ganando. 

Yo no recuero de mis primeros años de vida otro médico que no fuera D. Manuel Morales. De Las Manchas me traía mi madre a aquella consulta de paredes altas que vagamente evoco de la consulta de la Acera Ancha o las propias visitas que realizaba a mi casa cuando era requerido para ello, con aquella mirada serena que, con cuatro o cinco años que yo tenía entonces, generaba en mi pequeño ser una tranquilidad difícil de describir.
D. Manuel Morales fue un hombre culto, reposado y tranquilo. Poseía cualidades demostradas para haber elegido cualquier hospital de Europa, por su expediente académico, sus contactos en el mundo científico y su capacidad para la investigación,  Amaba a su profesión por encima de todo y procuró siempre estar al día de todos los adelantos. Trajo a La Palma el primer electrocardiógrafo que funcionó en esta Isla y  fue reconocido a nivel nacional por su actuación en la epidemia de la peste bubónica del año 1928 en Tazacorte donde arriesgó su propia vida. Las sabias medidas que dispuso evitaron que se propagara por el pueblo con consecuencias dramáticas.

El cariño demostrado por el pueblo de Tazacorte a D. Manuel Morales es innegable. Cuando regresaba de vacaciones y aparecía, primero sobre el caballo que le cedía D. Pedro Gómez  llamado”Almendrero” y luego con el coche Dodge, que por cierto conducía a gran velocidad  por las calles del pueblo, se propagaba la voz y se arremolinaban los niños a su alrededor. En una ocasión tuvo un desvanecimiento en su consulta de La Vica, noticia que corrió como la pólvora por todo el pueblo que acudió  raudo a la plaza para interesarse por la salud de su benefactor. Cuando se recuperó y se asomó al balcón, un espontáneo aplauso  de las gentes allí reunidas, conmovieron al doctor  hasta el final de sus días. Que sirvan también estas fiestas de San Miguel para rememorar este 90 aniversario de un hecho trascendental para la historia de este municipio, hoy 9 de septiembre de 2016.

Pueblo de Tazacorte:

Desde siempre, la Fiesta de San Miguel ha sido una cita ineludible, una llamada a la que los habitantes de Tazacorte responden siempre con ilusión.
Hoy, gracias a la invitación del Sr. Alcalde y de la Concejal de Cultura, debo expresar los motivos por los que estos días son tan especiales. Los pueblos no son sus términos municipales, ni las calles, ni las fuentes o las plazas: son las personas que apuestan vivir juntas y se comprometen con proyectos comunes. Este es el legado que hemos recibido de nuestros antepasados y que tenemos que transmitir a los que nos suceden. Un pueblo lo hacen, además, sus tradiciones, sus fiestas…. Si el pueblo sabe  mantener y potenciar todo esto, seguirá teniendo futuro.

En estos días en los que no es difícil encontrar el valor de lo común, de compartir…. las fiestas invitan a estrechar manos, a acoger, a ensanchar casas, a encontrar el tiempo para recordar  y convivir.

Este es el sentido de las fiestas de este año, de los anteriores y de los que vengan.

Que estas fiestas sean las fiestas de todos: de nuestros mayores, de los niños y niñas, de los familiares que regresan, de los visitantes de otros pueblos o países… que todos tengan cabida y todos lo pasen bien.

¡Que den comienzo las fiestas de San Miguel¡
¡Viva Tazacorte¡
¡Viva San Miguel¡


                               Primitivo Jerónimo Pérez
         Cabildo de La Palma. Educación y Patrimonio Histórico.
                                      Consejero

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