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martes, 3 de enero de 2012

On 21:18 by PuertodeTazacorte in    4 comments


                                           
CARTA A UN PESCADOR

El pasado día uno de enero nos abandonó Benigno con 98 años de edad, muy a mi pesar y por motivos de salud no pude acompañar a su familia en el entierro. Benigno, un pescador de los de antes , de los que aprendieron en la mar, de los que curtió el salitre , de los que siendo niños veían llegar al viejo muelle  los barcos cargados de pescado, eran otros tiempos.

Unos tiempos en los que no existían los teléfonos móviles, ni  los GPS ni la navegación por satélite .La Mar, con mayúscula, era un reto al que enfrentarse, las estrellas, las marcas y los riscos de los acantilados eran la guía y  ayuda para encontrar los caladeros, en algunos casos, dónde encontrar el pescado con el que alimentar a su familia y en otros cuando oscurecía, le marcaban el camino a casa.

Soy muy joven para hablar de un señor como Benigno, pero no para hablar de los marineros, pues mi abuelo lo fue. Es un buen momento para reivindicar la vida y sacrificio de Benigno y por ende de los pescadores, una vida llena de muchas penurias y constancia; y porque o, de enseñanzas y aprendizaje.

Estamos viviendo un tiempo en el que los valores de los trabajadores como Benigno se han olvidado, se ha cambiado el sacrificio por la comodidad, la constancia por la desgana y el tesón por la recompensa rápida y efímera; no hemos sabido apreciar lo que La Mar o la vida nos ha ofrecido y durante tanto tiempo hemos desdeñado y ahora nos pasa factura.

Hemos de volver a retomar con fuerza los valores de nuestros pescadores, representado hoy en la figura de Benigno, valores basados en la valentía, sacrificio, iniciativa y trabajo. Estos principios harán que nuestro hermoso pueblo vuelve a ser un referente a seguir y con el que poder sacar adelante a nuestras familias en estos tiempos tan difíciles.
Gracias Benigno por hacernos recordar los valores con los que viviste, con los que tanto yo como muchos bagañetes y bagañetas crecimos, inculcados por abuelos pescadores,  jornaleros y jornaleras, y madres que, algunas subían el time a vender los frutos del trabajo, otras trabajaban en los almacenes y otras muchas, quedaban en casa al cuidado de los hijos. 

Estos principios nunca debieron ser olvidados. Gracias estés dónde estés.
Carmen Mª Acosta Acosta .
Alcaldesa del Ilmo. Ayuntamiento de La Villa y Puerto de Tazacorte

4 comentarios:

  1. Gracias Carmen por una carta que nos recuerda nuestros origenes y los trabajos que pasaron nuestros abuelos. Muchas gracias por tu tiempo dedicado. La familia.

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  2. Bonitas y emotivas palabras las que le has dedicado Carmen a este, quizás!.. último pescador de la vieja guardia que aún quedaba en el Puerto de Tazacorte. D. Benigno Barreto q. e. p. d...

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  3. Cuando los anzuelos no sólo pescan peces.



    Te conocí Benigno, te recuerdo con tus gafas de pasta y tus ojos muy ocultos detrás de gruesos cristales, con tu sombrero tapando marcas, cuentos de mar, sueños de pesca. Aún hoy, al enterarme de que ya no estás, rememoro alguna tarde en la caseta que tenías en la misma entrada del muelle. Allí esperabas los días, los años, en un pequeño mundo de alambres, redes, hilo de hacer paños, anzuelos, apaños de sabio, cansado de la experiencia. ¡Cuanto hemos cambiado!
    Tu pequeño barco y tú bogando a remo cruzado paciente, arrastrado en la mar tranquila el mirafondos como un padre que lleva de la mano a su hijo y le enseña a mirar. Así logro no olvidarme de ti, así consigo que algunas tardes de mar me devuelvan a la juventud o la propia niñez en que tú cantabas a las morenas y ellas confiadas acudían solícitas a la llamada de algún plato humeante, de alguna boca hambrienta. Eran las mañas, quizás la abundancia, tal vez la perseverancia pero yo sigo creyendo en la magia del buen hacer. Me conservo niño en la noche de Reyes que se aproxima pidiendo a los Reyes Magos de Oriente, una memoria que se obstine en recordarte a ti y otros muchos que se han ido, que no permita el destierro al olvido de lo que debe ser tu profesión; ‘Pescador que atrape en sus redes la magia de los sueños empeñados en hacerse realidad’. No da para castillos, ni fortalezas, no hay cochazos en un enorme garaje, tal vez sólo pudiste cambiar el sombrero una vez cada 5 años y cuando algún nieto te lo quiso regalar le esgrimiste un:”Pa`qué si este aún merece mi cabeza y la extraña cuando duermo”. Te vi, antes de ponerse el sol o poco después de salir persiguiendo las viejas, entendiéndolas antes de rascarte el hambre la barriga y poder convertirte en el maestro del 'trozo'. Yo te vi, mi abuelo también y mi padre después que él y todos me contaron que la sabiduría se atesora con los años y se pierde con el viento del olvido.

    Gracias Benigno porque sin el reclamo de tu pacífica existencia no habríamos llegado a echar de menos lo que fuiste y todo aquello que representa nuestro pasado. Un pueblo que olvida lo malo de su pasado está condenado a repetirlo, estoy de acuerdo pero ¿y el que olvida lo bueno, sus aciertos, sus logros? Hemos perdido mucho Benigno, no te fuiste como simple pescador dejando ese hueco vacío, me preocupa mucho más el vacío de los valores que representan tu paso por este nuestro pueblo. Yo te nombraré alguna vez cuando cuente alguna batallita a mi recién estrenado primito y quien sabe si a un sobrino o incluso a un hijo pero y el resto de bagañetes, ¿sabemos lo que vamos perdiendo? ¿lo valoramos?

    Beningo, mi adiós es sincero, mis palabras sólo quieren recordarte en una plácida tarde de verano, con el sol en su ocaso, suave rechinar de los remos en la paciente boga que encamina tus tardes de pesca en el paraíso de los muertos, allá donde estés te recordaré y te pido que nos ayudes a no olvidar lo que siempre hemos sido. Se nos fue una persona no olvidemos su labor y hagamos útil el sacrificio de sus días. Saludos.

    Beningo, descanse en paz.

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  4. Cuando los anzuelos no sólo pescan peces.



    Te conocí Benigno, te recuerdo con tus gafas de pasta y tus ojos muy ocultos detrás de gruesos cristales, con tu sombrero tapando marcas, cuentos de mar, sueños de pesca. Aún hoy, al enterarme de que ya no estás, rememoro alguna tarde en la caseta que tenías en la misma entrada del muelle. Allí esperabas los días, los años, en un pequeño mundo de alambres, redes, hilo de hacer paños, anzuelos, apaños de sabio, cansado de la experiencia. ¡Cuanto hemos cambiado!
    Tu pequeño barco y tú bogando a remo cruzado paciente, arrastrado en la mar tranquila el mirafondos como un padre que lleva de la mano a su hijo y le enseña a mirar. Así logro no olvidarme de ti, así consigo que algunas tardes de mar me devuelvan a la juventud o la propia niñez en que tú cantabas a las morenas y ellas confiadas acudían solícitas a la llamada de algún plato humeante, de alguna boca hambrienta. Eran las mañas, quizás la abundancia, tal vez la perseverancia pero yo sigo creyendo en la magia del buen hacer. Me conservo niño en la noche de Reyes que se aproxima pidiendo a los Reyes Magos de Oriente, una memoria que se obstine en recordarte a ti y otros muchos que se han ido, que no permita el destierro al olvido de lo que debe ser tu profesión; ‘Pescador que atrape en sus redes la magia de los sueños empeñados en hacerse realidad’. No da para castillos, ni fortalezas, no hay cochazos en un enorme garaje, tal vez sólo pudiste cambiar el sombrero una vez cada 5 años y cuando algún nieto te lo quiso regalar le esgrimiste un:”Pa`qué si este aún merece mi cabeza y la extraña cuando duermo”. Te vi, antes de ponerse el sol o poco después de salir persiguiendo las viejas, entendiéndolas antes de rascarte el hambre la barriga y poder convertirte en el maestro del 'trozo'. Yo te vi, mi abuelo también y mi padre después que él y todos me contaron que la sabiduría se atesora con los años y se pierde con el viento del olvido.

    Gracias Benigno porque sin el reclamo de tu pacífica existencia no habríamos llegado a echar de menos lo que fuiste y todo aquello que representa nuestro pasado. Un pueblo que olvida lo malo de su pasado está condenado a repetirlo, estoy de acuerdo pero ¿y el que olvida lo bueno, sus aciertos, sus logros? Hemos perdido mucho Benigno, no te fuiste como simple pescador dejando ese hueco vacío, me preocupa mucho más el vacío de los valores que representan tu paso por este nuestro pueblo. Yo te nombraré alguna vez cuando cuente alguna batallita a mi recién estrenado primito y quien sabe si a un sobrino o incluso a un hijo pero y el resto de bagañetes, ¿sabemos lo que vamos perdiendo? ¿lo valoramos?

    Beningo, mi adiós es sincero, mis palabras sólo quieren recordarte en una plácida tarde de verano, con el sol en su ocaso, suave rechinar de los remos en la paciente boga que encamina tus tardes de pesca en el paraíso de los muertos, allá donde estés te recordaré y te pido que nos ayudes a no olvidar lo que siempre hemos sido. Se nos fue una persona no olvidemos su labor y hagamos útil el sacrificio de sus días. Saludos.

    Beningo, descanse en paz.

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